Este tipo de redes puede ofrecer varias
ventajas. En principio, al utilizar direcciones
públicas y ofrecer velocidades de conexión
simétricas -iguales para la subida y la
descargar de información-, permiten compartir
contenidos e incluso montar sitios web,
aplicaciones y servicios, como por ejemplo
telefonía IP, utilizando software libre. También
permitiría mantener conectadas a las comunidades
a través de intranets locales, e incluso
interconectar la red a Internet, dejando a los
equipos conectados acceder a ésta, pero también
a los equipos de todo el mundo llegar a las
redes locales.
Juan Bidini, analista de sistemas, es director
de Cómputos en la Municipalidad de Carlos
Casares (provincia de Buenos Aires), profesor en
la Escuela Técnica Nro. 1 de esta ciudad y
administrador de la red digital comunitaria
CasaresLibre. Bidini dice que hace tres años
comenzó el proyecto desde la escuela, con otros
profesores, alumnos y ex alumnos, que en total
suma entre 10 y 15 personas. El grupo planea
inaugurar oficialmente la red, que actualmente
está en estado de pruebas, entre fines de este
año y comienzos del próximo.
«La idea es ofrecer una intranet para Carlos
Casares», adelanta Bidini, y explica que los
nodos del backbone principal funcionan en 5.8
GHz encriptado. Y después en 2.4 GHz libre
funcionan las antenas omnidireccionales, para la
parte de acceso. Sus antenas aprovechan la
infraestructura de un ISP y de la emisora de
radio de FM locales. La red, con un alcance de
unos cinco kilómetros, cubre prácticamente toda
la ciudad.
«A lo que apuntamos es, una vez que podamos
mostrar el proyecto acá en la escuela técnica, a
ir con el proyecto listo a las distintas
ciudades de la zona y compartirlo también
libremente», señala Bidini, Pero descarta usar
la red para llevar conectividad. «El proyecto de
CasaresLibre está muy lejos de Internet porque
tenemos muy buena relación con los proveedores
de Internet. En ningún momento se pensó como una
competencia ni mucho menos. Se trata más de un
proyecto educativo para que, por ejemplo, los
padres de los chicos se conecten a CasaresLibre
y puedan acceder a la Intranet de la escuela.»
BuenosAiresLibre, en tanto, es un proyecto que
lleva más de diez años y Gómez está vinculado
desde 2006. «Por tratarse de una red
autogestionada, que depende del voluntariado,
muchos de esos nodos representan más puntos de
intención de tener un nodo que uno que esté
funcionando. Sucede algo particular: en Capital
Federal no hay una necesidad real de conexión de
una red alternativa en toda la ciudad, porque
abunda», opina. Y continúa: «Distinto es el caso
de las redes en lugares como el Delta, donde no
hay proveedores de Internet que estén ofreciendo
el servicio en las islas. Lo mismo en Quintana,
en Córdoba, donde hablamos de una población de
1500 habitantes. Las redes libres vienen a
funcionar bastante bien en lugares donde no hay
otra cosa con qué conectarse, o es muy costoso,
o no hay un ISP porque no lo considera
rentable».
Según Jesica Guidice, quien junto con su pareja,
Nicolás Echániz, integra Altermundi y administra
la red escuela QuintanaLibre, en José de la
Quintana, «las redes libres puede pensarse para
ser mantenidas de manera paralela a Internet,
sólo con acceso a servicios locales y a los
equipos de sus miembros. Sin embargo, de esta
manera se le niega la posibilidad a la red de
“ser” Internet. Si entendemos que Internet es
una red de redes y las redes libres también lo
son, podemos ir desplegando redes libres
interconectadas entre sí». Y se preguntan: «¿Qué
más soberano que tener toda una comunicación
formada por interconexiones de redes libres,
descentralizadas, con la misma posibilidad de
alojar servidores en medios urbanos como
rurales, que se permita el libre tránsito entre
ellas y que no se limiten artificialmente las
capacidades del hardware?».